Pasión, mimo y calidad. El buen hacer de una huerta familiar ecológica

By Gloria Martínez @GloriaMartinezS

“Esto se hace más porque te gusta que por negocio. La clave está en no mirar nunca el reloj ni echar cuentas de las horas que se echan y a cuánto te sale cada una”

Hijo y nieto de agricultores, Miguel Ángel Sánchez Muñoz sabe qué significa trabajar en el campo: “Es lo que he visto desde pequeño y lo que me llama, eso no quiere decir que no pique alguna que otra linea de código de vez en cuando”.

Fue en 2013 cuando oficialmente se puso al frente de la finca familiar, la Huerta de los Pedroches (en la comarca del Valle de los Pedroches, El Viso, Córdoba). “He de confesar que en la época de los 16 a los 18 años no iba a la huerta tan contento como ahora (mi padre me llevaba castigado por las notas). Lo que sí me gustaba desde bien chiquito era ir a vender al mercado con mi padre; recuerdo los tiempos de cuando pesábamos con romana, y se buscaba el peso de los 20 duros”, cuenta a ECOMMUNIA. 

Una de las principales características de esta huerta familiar ecológica (2´5 hectáreas) es que posee manantial propio con un agua mineral, “de muy buen tomar que afecta positivamente en el sabor de las hortalizas. La finca es bastante llana, solo posee un leve desnivel en el centro, por el que pasa un pequeño arroyo cuando llueve mucho”, explica Miguel Ángel.

Allí cultivan hortalizas como tomates, pepinos, pimientos, melones, sandias, pepinos, calabacines, patatas, cebollas, ajos, calabazas, carruécanos, lechugas ... “Animales en propiedad solo tenemos 4 gatos que se encargan de mantener a raya los ratones; lo que sí disponemos es de una gran cantidad de ovejas de pastores de la zona para majadear la finca. A nosotros nos viene bien porque nos limpian las hiervas o restos de cosechas y nos majadean, y a ellos porque les damos de comer a las ovejas.”

 

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Recogen las hortalizas en el punto óptimo de maduración; creen que una de las claves para que un tomate sepa a tomate es que haya coloreado en la mata.

 

Su abuelo era arriero y hortelano de profesión, sembraba y cultivaba legumbres y hortalizas para alimentar a la familia o cambiar por otros alimentos. En pocos años, empezó a vender, con una mula, hortalizas por el pueblo y por los pueblos de alrededor. Tras él, su padre quien, con una motoazada, se puso al frente de la huerta. “Aun así la mula se seguía usando para sembrar cebollas siempre vivas, ajos o patatas, y también para gradear la tierra”.  

Después vino el motor de electricidad, los aspersores, el sistema de riego por goteo, un Pascuali con cultivador y vertedero y un invernadero de arco para proteger las plantas del frío. Hasta la actualidad: “Aunque tenemos tractor, arrancamos las patatas a mano porque se estropean menos; sembramos con azada; la mayoría de las planteras son de semillas propias, cavamos a mano;  metemos ovejas en el invernadero para que majadeen y rotamos cultivos. Ahora me toca a mí coger las riendas y, con las nuevas tecnologías, me gustaría dar a conocer nuestras hortalizas mas allá de los pueblos de alrededor. Además, con la certificación ecológíca se puede garantizar al consumidor que nuestras hortalizas y verduras son ecológicas“. 

 

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Miguel Ángel Sánchez Muñoz en la Huerta de los Pedroches.

Tras dos generaciones, pasáis a trabajar en ecológico. ¿Por qué ese paso? ¿Fue complicado?

El paso a ecológico fue una necesidad para que la huerta pudiese seguir siendo viable, os explico el porqué.

Antes de tener el certificado ecológico, la mayoría de nuestros clientes compraban nuestras hortalizas por el sabor, aun vendiéndolas en el mercado un poco más caras. Sin embargo, era complicado llegar a nuevos clientes, ya que sin probar nuestras hortalizas es difícil convencer a un consumidor de que valen un poquito más porque están cultivadas de una forma natural. Con el certificado ecológico es diferente, porque ya hay un certificado que avala nuestra forma de cultivo, y la gente empieza a entender que el producto tiene que valer un poco más porque el coste de producción es mayor.

El paso a ecológico no fue complicado ya que nuestra forma de cultivo cumplía los requisitos para el cultivo ecológico. Se nos hizo más difícil la cantidad de formularios y registros que hay que completar y mantener continuamente.
Me estoy acordando de una anécdota graciosa a la hora de completar uno de estos formularios, cuando dice la cantidad de estiércol que se aporta a cada planta; nuestra principal fuente para proporcionar nutrientes a la tierra es el majadeo, imaginaros el cálculo.

 

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En esta huerta familiar ecológica, para dejar la tierra limpia, utilizan las ovejas de un pastor vecino. Las ovejas se comen las plantas viejas y las malas hierbas dejando la tierra limpia y ahorrando trabajo.

¿Cuál ha sido la evolución de esta huerta familiar ecológica?

Aunque hemos evolucionado en la forma de riego (antes se regaba por surcos y ahora con goteo) y de labrar la tierra (mi abuelo araba con una mula y nosotros tenemos tractor), los principios fundamentales de cultivo que tenía mi abuelo hace más de 50 años no han sido alterados.
De esta forma cuidamos mucho la tierra, aportando nutrientes a la tierra en forma de estiércol, realizando una rotación continua de cultivos, dando muy buenas distancias entre plantas…

¿Cómo funcionáis? ¿Cómo es vuestro día a día?

Pues el día a día en esta huerta familiar ecológica es muy variado; la monotonía prácticamente no existe, ya que el trabajo a realizar está relacionado con el estado de la planta. Labrar, estercolar, sembrar, cavar, recolectar, vender… Junto con los imprevistos que puedan pasar.

 

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El estiércol de vaca es uno de los mas suaves que existen por lo que se puede cubrir la superficie con una buena capa. Además, al ir mezclado normalmente con paja, presenta la ventaja de que ahueca la tierra. Este estiércol lo reparten con un remolque enganchado al tractor y a paladas o a carrillos. Las proporciones que echan son aproximadamente un carrillo por cada 6 u 8 metros cuadrados. Una vez extendido se mezcla la tierra con la mula mecánica.

Además de en el mercado de abastos, ¿vendéis en algún otro sitio?

Actualmente, además de la venta directa en el mercado de abastos, servimos nuestras hortalizas a tiendas ecológicas de Córdoba y Madrid. El año pasado también comenzamos el reparto de cestas ecológicas a domicilio en Madrid.

¿Qué os hace diferentes?

Creo de una de las cosas que nos hace diferentes es que en nuestra huerta familiar ecológica cultivamos como si fuese para nosotros. Sembramos tomates de las variedades que a nuestro juicio mejor comer tienen, sin pensar demasiado en la producción. Por otro lado, recogemos las hortalizas en el punto óptimo de maduración; creemos que una de las claves para que un tomate sepa a tomate es que haya coloreado en la mata. De esta forma procuramos entregar las hortalizas el mismo día de recolección y, como mucho, 24 horas después de su recolección.
Creo que este ha sido uno de los puntos clave para que las cestas ecológicas estén teniendo tanto éxito en Madrid… recolectamos el domingo de madrugada y el domingo por la tarde ya están en el consumidor.

Ecológico, ¿ha de ser sinónimo de gourmet?

En nuestro caso creo que sí, siempre y cuando no atribuyamos gourmet con caro, sino con calidad. Además de que nuestras hortalizas sean ecológicas, por cumplir los requisitos de cultivo ecológico, tienen otro valor añadido en la forma de cultivo. Esta forma de cultivo la podéis ver con detalle en www.huertadelospedroches.es

¿Cómo veis el futuro, vuestro en particular y del sector ecológico en general?

Yo creo que cada vez hay más conciencia ecológica. Nosotros vamos tirando… lo que sí está claro, que esto se hace más porque te gusta que por negocio. La clave está en no mirar nunca el reloj ni echar cuentas de las horas que se echan y a cuánto te sale la hora.

 

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